Asgerlacia.

Entre la tierra y las fitonias se encuentra la esencia de esta semilla.

Él, considéralo un hombre simple de veintinueve veranos viejos, que aprecia el sol del mediodía, la tierra húmeda y el pasto bajo, donde los insectos curiosos corretean entre sus dedos, brindándole esa armonía y felicidad que desde joven valoró con entusiasmo.Su alma forma parte de aquel mundo diminuto que muchos aborrecen y otros desconocen por pura hartura.

Sencillo a simple ver pero inmerso en un mundo abstracto que se encoge y se agranda en sí mismo, amoldándose a cada sensación, sentimiento y emoción que pueda llegar a experimentar. No hay límites cuando se trata de crear, su arte es la viva representación de su alma.
Se recoge como una oruga cuando la lluvia parece golpear de más, sin embargo, sabe que el sol lo recogerá para un nuevo amanecer.

Trozos de esencia.

Siempre supe que en el viento te podías quedar, apaciguando mis penas escondidas entre las heridas que me cincelaste, y como las amo, pues me hacen entender que estoy vivo, que mi palpitar aún parece sentirse.
Dicen que ya me cansaré, que tiene precio este querer y sin embargo, aquí estoy, anhelando el fijo del puñal que clavaste en mi pecho, sentenciándome a ti, a tus abismos, a tus misterios.

¿Por qué nos decepciona la realidad? ¿Por qué añoramos vivir siempre de sueños, desprendiéndonos de la paciencia y de la tolerancia? ¿Dónde quedó la empatía ante un error inocente?
Quiéreme como soy, con mis mañas, con mis fallos, con mis incongruencias, con mis ilusiones y expectativas ridículas, pues el amor lo abarca todo, desde deseo concebido hasta el abismo putrefacto.
Nada a medias, nada a perfección, solo ser. El camino también es una victoria justa.

Buscándote entre los escombros de una memoria perdida. Latente está el deseo de lo que se siente recordarte, avivarte entre la podredumbre de un hombre que hace mucho dejó de existir para él y ahora yace con tu nombre entre sus labios, teniéndote como acento en sus escritos, con al devoción de una religión que proclama tu nombre como un Santo, como un refugio.
Artilugio que vivió entre mis manos, imposible de entender pero tan atrayente que la frustración se convirtió en posibilidad.

En esta noche me apeno, me apeno de lo que siento pues la pretensión me quedó demasiado grande. Pretender que todo lo puedo, pretender que no duele la incertidumbre, pretender que no anhelo lo que desde pequeño imaginaba en aquellos cánticos de trovadores enamorados.
Hastiado me encuentro y avergonzado se halla mi corazón de tantos intentos baratos y tantas promesas desmedidas.
Temo por mí, por mi amor, por mis intentos y mis esperanzas, temo por la soledad que enamorada se encuentra anclada a mis carnes, helándome hasta los huesos.

Hoy dejé de existir y me volví lo que imaginé contigo en las noches de este frío febrero. Que curioso es el sentir, que curioso es adelantarse a un futuro incierto, que curioso es pensar que la palabra no importa cuando el silencio acoge los cuerpos desnudos de dos amantes que comparten un mismo fin.
Ahora heme aquí, entre mis sábanas, escondido en mi crisálida mental que busca proteger mi corazón del filo que susurra tu nombre. Y todo por inocente, por transparente, por natural. A veces el mundo no entiende de inocencias, no comprende las erratas pobres y los suspiros inoportunos.

La noche se volvió cuna para este corazón diminuto, y no teman, no duele el ser débil, no quema su vulnerabilidad.
Su hogar está abrazándolo, como un manto dulce que le deja ser, sentir y palpitar, recomponiéndose de la podredumbre diurna de una ciudad que no entiende de paciencia y calma.
Esta semilla necesita un poquito más de tierra, un poquito más de agua y un poquito más de palabras suaves para germinar con ímpetu, radiante y ansiosa por buscar el sol, por buscar un mañana.

La costumbre de creer que se prevalecerá en el camino viejo es, tal vez una virtud o una condena del ser humano. Creemos merecer el foco cuando de nuestra boca solo salen palabras vacías, obsoletas, incompletas. Anhelamos la mano abierta cuando el orgullo ciega nuestros ojos, ¡y nos indignamos si la realidad golpea nuestra puerta más de tres veces! ¿Por qué?
Dime, ¿llorarías si me fuera? ¿Recordarías la risa de esta semilla en cada charla nocturna? ¿Tratarías de moldearme en tu memoria? ¿Moverías los hilos del destino para volver a enredar nuestros caminos? ¿Me harías saber que no soy más que otra estrella que se contó antes de dormir? ¿Me harías saber que mi ausencia pesa en tu corazón?

Por un momento que creí sería eterno, solté el pincel, cerré la ventana y corrí las cortinas.
Allí, entre el polvo y la oscuridad, el silencio pareció amable, como una mano tibia sobre las heridas, como una noche de verano luego de un insistente invierno.
El problema nació en mi pecho, desde mis entrañas, desde mis incertidumbres y malas costumbres. Poco a poco fue reclamando su lugar hasta arropar mi cuerpo en un manto helado que me mantuvo inquieto, perdido y hambriento.
Solo el tiempo me tendió la mano y me advirtió de aquella realidad que yo mismo evadía. "Esta lucha es tuya, contigo, sobre ti"
Y ahí entendí que no hay forma de escaparse, de escabullirse o de transformarse, la crudeza está en nuestras pieles y somos los únicos que podemos sacarnos del barro y miseria autoproclamada.